3.31.2008

GLOBALIZACION Y SALARIOS

Can Mascaró



LOS EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN SOBRE LOS SALARIOS Y LAS OTRAS CONDICIONES LABORALES


JORNADA DELS ECONOMISTAS 2007

Ramon de Alós-Moner

8/11/07


En mi intervención quisiera incidir sobre 6 ideas que a mi entender son cruciales en lo que hoy estamos aquí debatiendo:


PRIMERA IDEA:


Vivimos envueltos en una mística de la globalización. Así nos lo explican sociólogos tan destacados como Zygmunt Bauman o Ulrich Beck. Con mística de la globalización me refiero a que ésta se nos presenta como algo involuntario e ingobernable, por lo cual como humanos no nos queda más remedio que adaptarnos. Evidentemente, la mística de la globalización es una falacia pues la globalización es fruto de decisiones humanas, o políticas, adoptadas en ámbitos diversos, pero decisiones políticas al fin y al cabo. No olvidemos que las rondas GATT tenían por objetivo precisamente liberalizar el comercio. ¿No persigue la OMC, entre otros objetivos, la reducción de aranceles y por tanto un modelo de globalización? Creo innecesario recordar qué fines perseguía en su día la creación de la CEE, o los múltiples acuerdos comerciales regionales o tratados de libre comercio, como MERCOSUR, NAFTA, ASEAN y un largo etcétera, sin olvidar en ello el papel desempeñado por organismos como el FMI o el BM en muchas regiones del planeta. Por cierto, hace pocos días podíamos leer en la prensa que el G-24 (grupo de países de economía emergente) acusaba al FMI de mantener políticas internacionales discriminatorias. A mi entender, no cabe duda pues, que la globalización es consecuencia de decisiones humanas. Y ello me lleva a la segunda idea que pretendo plantear


SEGUNDA IDEA


Si la globalización que tenemos es fruto de decisiones políticas, se me sugiere la pregunta ¿por qué se nos mistifica la globalización vistiéndola como si se tratara de un proceso natural e inevitable, ante el cual sólo nos queda la oportunidad de adaptarnos? ¿Por qué se ocultan los procesos de decisión? ¿Qué interés hay en ello? Aquí se me plantean dos cuestiones: primero, vender la globalización como un proceso natural la convierte en un proceso fuera de toda discusión; y segundo, sin responsables.


Por eso es tan oportuno preguntarse quiénes adoptan decisiones que abren puertas a la globalización que tenemos. La respuesta no es fácil, aunque no imposible de resolver. En todo caso, creo oportuno retener que: Por un lado, fuera de lecturas simplistas hay que decir que son múltiples sus actores, desde gobiernos nacionales, empresas multinacionales, organismos internacionales, como ya he apuntado; pero por otro lado, las responsabilidades no pueden repartirse por igual, pues las actitudes frente a la globalización de unos y otros no coinciden, y sobre todo las consecuencias de sus decisiones no son comparables por sus efectos.


Lo cual me lleva a la tercera idea.


TERCERA IDEA


¿Qué globalización se nos impone? La respuesta tampoco es sencilla, pero creo que hay un eje conductor en muchas de las decisiones que se adoptan, que puede resumirse en dos niveles: en el nivel ideológico, en una fe ciega en el mercado, la mística de un mercado que lo resuelve todo. Curiosamente, y ésta es una paradoja del pensamiento liberal, el mercado se suele imponer desde el más estricto intervencionismo, a partir de crear organismos y regulaciones que para ello se consideren oportunos.


Ésta es, desde luego, una paradoja que tiene solución y de ello nos percatamos cuando prestamos atención al segundo nivel o eje de la globalización. Con él me refiero al mundo real, no ya al de las ideas. Para ello es oportuno preguntarse ¿a quién realmente beneficia la globalización?


Creo que se puede convenir que las decisiones políticas que impulsan la globalización que tenemos repercuten de manera desigual en la población. Un ejercicio habitual consiste en distinguir entre quién (y cómo) sale beneficiado, y quién (y cómo) sale perjudicado. A este respecto me limitaré a plantear dos únicas preguntas que aquí dejo abiertas: ¿por qué la globalización se promueve con gran ímpetu en el ámbito comercial y de movilidad del capital y se frena en lo que se refiere a las personas?; y ¿por qué la liberalización en el comercio avanza precisamente en aquellos productos o servicios con los que occidente (UE, EEUU,…) está en ventaja competitiva, por ejemplo patentes, y no de aquellos otros para los cuáles otros países son lo que tienen ventajas competitivas, por ejemplo, tomates? Son preguntas sobre decisiones políticas; decisiones políticas que caracterizan la globalización que tenemos. Y cuestiones que, sin duda, afectan de un modo u otro la vida de millones de personas, cuyas condiciones de vida, empleo y salud depende de este tipo de decisiones políticas. Son sólo dos ejemplos de decisiones políticas que, como he dicho antes, se ocultan bajo la mística de la globalización.


CUARTA IDEA


Con la cuarta idea reconduzco el tema de la globalización al empleo. Mi pregunta en este caso es: ¿qué globalización se nos impone en el ámbito laboral y de la empresa? De nuevo surge la pregunta ¿quién sale beneficiado y quién perjudicado? Por lo que respecta a la empresa y al empleo, la globalización se nos impone a través de múltiples vías de las que destaco dos: la liberalización del comercio internacional y la liberalización de los mercados financieros. Por cuestiones de tiempo voy a referirme a esta última, que considero de mucho la de mayor impacto. La liberalización de los mercados financieros abre las puertas a la movilidad del capital, a la relocalización (o deslocalización como se suele llamar desde una perspectiva eurocéntrica) de actividades y a una financiarización de la economía.


Voy a resaltar algunos aspectos:


1- La liberalización de los mercados financieros desplaza el equilibrio de poder a favor del capital financiero. ¿Qué implicaciones tiene? Como ha sido puesto de manifiesto en numerosos estudios, el capital financiero sigue una lógica corto plazista, responde al beneficio inmediato, por lo que si se le permite es altamente volátil. En contraste, el capital empresarial debe responder a un proyecto empresarial, por tanto necesariamente sigue una lógica a medio largo plazo. Cuando el capital financiero penetra y domina la empresa, y ésta es una de las consecuencias de la globalización que se nos impone, no puede ser buena señal para la empresa, si entendemos que ésta es algo más que sus accionistas. De ello da ejemplo la gran cantidad de decisiones que hoy se adoptan en empresas, que tienen por principal, cuando no por único objetivo, la cotización de sus acciones, o el beneficio especulativo, no los resultados a medio largo plazo.


Más grave aún es cuando la lógica financiera penetra en empresas que tienen obligaciones públicas o estratégicas en el país. Tenemos un lamentable ejemplo, muy próximo, en Endesa, de sobras conocido, que durante unos meses ha estado más pendiente de su OPA y de la cotización de acciones que del servicio al cliente.


2- La financiarización de la economía tiene su traslado también en el ámbito de los derechos y las normas laborales, y en el sistema de prestaciones y servicios públicos. Esto es así cuando se ajusta el sistema impositivo, legal y de prestaciones sociales para que sea atractivo para el capital, como observamos repetidamente en nuestro entorno.


En la medida en que al capital se le concede una alta movilidad, ello repercute en aspectos básicos de nuestras vidas, como qué sistema impositivo se adopta, qué normas legales y laborales debemos tener, qué prestaciones debe ofrecer el estado.


3- Y la financiarización de la economía y movilidad del capital comportan una remercantilización del trabajo: el trabajo se reconvierte en mercancía, contingente, de usar y tirar si se me permite, o que se compra allí donde resulta más barata, lo que puede decirse nos retorna en este aspecto al siglo XIX. Si ello es así, uno puede preguntarse: ¿qué tipo de trabajador se quiere?, ¿un trabajador que no pueda confiar en su empresa?,¿o es que la confianza en las relaciones de empleo es un valor ya no deseado? (a continuación uno puede preguntarse ¿por parte de quién?).


4- La relocalización empresarial es otro filón abierto por la globalización, y que tiene mucho que ver con la externalización de actividades. Hoy lo vemos tanto como un hecho adoptado por empresas, como asimismo utilizado en tanto que amenaza (el típico ‘o aceptáis estas condiciones o se traslada la producción’, una argumentación que ya resulta bastante habitual; recordemos empresas como Nissan o VW y muchas otras). En el primer aspecto, creo que es obvio decir que la relocalización y la externalización benefician a la empresa. Pero, ¿a qué empresa nos referimos? La pregunta no es baladí, pues empresa es hoy un término extremadamente genérico: con él nos referimos en algunos casos a su dirección, en otros a una organización o unidad económica, en otros a los accionistas –a continuación nos puede surgir la duda de cuáles-, en otros nos referimos a la organización y su plantilla, y podría seguir. ¿A cuál de estas empresas beneficia?


QUINTA IDEA


Por todo ello creo que se puede concluir que la globalización genera y agudiza desigualdades. Así nos lo ponen de manifiesto informes del mismo FMI (en particular el reciente que lleva por título precisamente “Globalización y desigualdad”). Según se nos explica en este informe, debido a la globalización, en particular la financiera, en los últimos 20 años los coeficientes de Gini han aumentado en prácticamente todos los países y regiones del planeta.


Se agudizan, pues, las desigualdades, siendo, como apunta el mismo informe, los vencedores de esta desigualdad los grupos de ingresos más altos, los más acomodados. ¿Qué consecuencias tiene ello? De una parte, más población condenada a la incertidumbre en sus empleos y en sus vidas, cuando no a la miseria, y de otra mayores riesgos de desestabilización social, lo que los mismos hacedores de la globalización parece resuelven con más policía, más rejas de seguridad en nuestras ciudades, y más fronteras para los humanos.


Y en el campo laboral ¿con qué nos encontramos? Yo diría que con una situación parecida, salvando todas las distancias. Y añado, el corto plazismo del que he hablado abre puertas a los comportamientos de tipo oportunista, piratería, engaño, aspectos que han merecido ya bastantes estudios, al mismo tiempo que pone trabas al desarrollo de carreras profesionales; como expresa con mucha lucidez otro sociólogo, Richard Sennet, el corto plazismo que se nos impone “corroe el carácter”.


SEXTA IDEA


¿Es posible otra globalización, una globalización justa? como proclamó la cumbre mundial de las Naciones Unidas en el año 2005, y como ha debatido hace apenas unos días –del 31 de octubre al 2 de noviembre en Lisboa el Foro de la OIT sobre el trabajo decente para una globalización justa. Ésta es una cuestión clave.


Soluciones existen, lo cual no significa que sean fáciles. En todo caso nuestro gran reto es cómo gobernar de otra forma la globalización (gobernar la globalización de entrada no es problema, pues ya he expuesto que la globalización está gobernada); la cuestión es cómo gobernarla para que sea compatible con la democracia y con el máximo bienestar de la población. En el primer aspecto, cómo gobernar la globalización de forma democrática, creo que ante todo debe avanzarse hacia una democratización de las instituciones supranacionales. Como dijo Ralf Dahrendorf, sociólogo, politólogo y político liberal, que fue comisario de la UE: si la UE (y podríamos añadir gran parte de las instituciones que gobiernan actualmente la globalización) solicitara su ingreso en la UE, no lo obtendría por no cumplir los mínimos requisitos democráticos que la UE exige a los países miembros.


Segundo: las instituciones de gobierno social nacionales o supranacionales, no pueden ser subalternas, como lo es la OIT, frente a las que se ocupan de los derechos de propiedad o de movilidad de capital o bienes, como la OMC, el FMI o el BM. ¿Por qué la OIT, posiblemente la más democrática de esas instituciones internacionales, sólo puede acordar recomendaciones, cuando la OMC, por ejemplo, puede imponer sus resoluciones a través de sanciones? Como es sabido, la OIT ha desarrollado un tejido normativo de convenios y recomendaciones, pero con un grave problema: su ineficacia por la inexistencia de sistemas de control y sanción; en gran contraste con lo que sucede con los acuerdos comerciales y de otro tipo.


Tercero: En mi opinión, el mercado necesita siempre egulación, como analizó muy bien en su día Karl Polanyi. Por muchas razones, de las que destaco dos: el mercado no tiene en cuenta los costes que externaliza; ello ha sido sobradamente puesto en evidencia en relación con el medio ambiente, los accidentes laborales y otros muchos aspectos. Y en segundo lugar, por una fuerte tendencia del mercado a evolucionar hacia el monopolio. Este es el caso, por ejemplo, del privatizado servicio de handling de los aeropuertos británicos, un monopolio hoy en manos de Ferrovial en Heathrow y otros aeropuertos, que ha llevado por cierto a un enorme caos del que se han hecho eco los medios de comunicación británicos este verano.


Más próximo a nosotros tenemos el ejemplo de cómo la liberalización en el sector de distribución de la energía nos ha llevado al monopolio Fecsa-Endesa en Barcelona, con el conocido y lamentable desastre de este pasado verano. Pero además, el mercado debe ser compatible con la democracia.


No se puede en absoluto identificar mercado con democracia. Cuando se insiste en este sentido me viene en mente el ejemplo de Milton Friedman, autor del conocido libro “Capitalismo y Libertad”, quien contribuyó a introducir el mercado en Chile a golpe de sangre y con ejército detrás.


Cuarto: las relocalizaciones empresariales son una cuestión tan importante como compleja. Que una empresa traslade cierta parte de su producción puede reducir unos empleos y salvar otros, al margen del impacto que ello tenga en el territorio destino de la operación, que no siempre tiene que ser positivo. Pero puede y suele responder también a una huida hacia delante, para no afrontar cuestiones organizativas y tecnológicas, y optar por mercados de bajos costes y bajos precios. Por ello no se pueden hacer lecturas simples. Me interesa resaltar, de nuevo, que un factor fundamental es cómo se gobiernan estos procesos. Me gustaría poner dos ejemplos positivos, próximos a nosotros. El primero de Cataluña.


El sindicato CCOO y las organizaciones empresariales FTN y PIMEC constituyeron hace 4 o 5 años un Centro llamada CERID, con el apoyo de la Generalitat de Cataluña, y en cooperación con sindicatos y organizaciones empresariales de Marruecos, extendido más recientemente a Túnez y Argelia. Su objetivo es hacer un seguimiento y acompañamiento de las inversiones catalanas en dichos países. Esta me parece una actuación positiva, introducir el diálogo social y la negociación frente a la decisión unilateral. Evidentemente lo segundo es más cómodo y fácil que lo primero, pero los resultados esperables no son nunca los mismos. Inditex es otro ejemplo próximo.


Esta empresa ha firmado recientemente con la Federación Sindical Internacional de Trabajadores del Vestido y la Piel un acuerdo sobre derechos humanos y laborales fundamentales en su cadena de producción. Creo que es un acuerdo muy interesante, muy lejos de muchos de los llamados códigos éticos de empresas, que en su mayoría no van más allá de ser mera publicidad. En el caso de Inditex, la empresa se compromete a que se garanticen los principios fundamentales de la OIT en toda la cadena de producción, estableciendo procedimientos compartidos con el sindicato para su control.


Quinto: deben situarse en un primer plano político y jurídico los que la OIT en 1998 ha definido como principios y derechos fundamentales, y su propuesta de trabajo decente, que aunque insuficientes, deben suponer un primer paso para avanzar por “otra” globalización.


Sexto: es necesaria y urgente una regulación internacional de los flujos monetarios empezando por los más especulativos al objeto de limitar la financiarización de la economía.


Séptimo: deben establecerse reglamentos intergubernamentales exigibles que se ocupen de la responsabilidad social de la empresa y de sus prácticas laborales.

Para finalizar, quisiera resumir lo expuesto en tres puntos:


1) Debe hacerse evidente qué política se oculta bajo la mística de la globalización.


2) En tanto que la globalización es fruto de decisiones políticas, debemos replanteárnosla abiertamente, y por supuesto democráticamente.


3) La empresa, como el mercado, son instituciones que requieren regulación. En particular, la empresa, como cualquier persona o cualquier institución, también debe ser socialmente responsable de los efectos sobre otros de sus decisiones, también de sus decisiones sobre los trabajadores.


OTRAS CUESTIONES


A menudo oímos discursos que nos quieren convencer que la globalización no es más que una consecuencia inevitable del mercado. Es un discurso viejo y recurrente. Ya hace más de 100 años los Webb (en Industrial Democracy) recogieron proclamas de insignes empresarios británicos que se oponían a limitar la contratación infantil bajo el pretexto del mercado. También nuestro Cambó calificó la jornada de 8 horas, en 1919, en sus palabras, como “una de las mayores locuras que la humanidad ha conocido en el curso de la historia”, pues iba contra el mercado.


La deslocalización también tiene sus costes, a menudo de pérdida de control del proceso. Sólo hace falta recordar dos casos tan vistosos como graves como son los que han afectado a Colgate-Palmolive y Mattel con sus subcontrataciones a China.


Optimo de Pareto: nos interesa el volumen global, no su istribución. O recordemos a nuestro excelso ex presidente Aznar, cuando en mayo de este año declaraba: “a mi no me gusta que me digan no puede ir a más de tanta velocidad… deje que yo decida por mi mismo, que en eso consiste la responsabilidad y la libertad individual”.


La creación de fondos dedicados a la compra de empresas que venden en poco tiempo (private equity), las inversiones bursátiles en operaciones de riesgo elevado (fondos de cobertura o hedge funds), los fondos de inversión libre y los fondos de capital inversión, etc.


Cuando todo el mundo, hasta el mismo ministro Solchaga, daba por muerto el sector textil, éste ha resurgido en España, siendo Inditex, Adolfo Domínguez o Mango tres casos sobradamente conocidos. Ciertamente deslocalizan, pero también crean empleo. Bush ha vetado la legislación que pretendía ampliar la asistencia sanitaria infantil. Ante ello, Krugman se pregunta: “¿qué tipo de filosofía sostiene que está bien subvencionar a las compañías aseguradoras, pero no proporcionar atención a los niños?”.


Alan Greespan, presidente de la Reserva Federal de EEUU durante 18 años, ha publicado el libro “La edad de la turbulencia”. En él utiliza la expresión “capitalismo de amiguetes” refiriéndose a la Indonesia de Suharto. Las privatizaciones a menudo han confiado a privados funciones públicas.


1 comentario:

Radio Parapanda dijo...

Profesor De Alos: Esta conferencia es muy pesimista.